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Si quieres aprender sobre el zero waste y estar al día sobre novedades relacionadas con la contaminación plástica que sufre nuestro planeta, este es tu espacio. 

Las redes fantasma incluyen cualquier tipo de arte o equipo de pesca abandonado, perdido o desechado en el mar, el cual continúa haciendo la función por la que fueron creados; atrapar peces o cualquier otra forma de vida marina que encuentre a su paso.


Las redes fantasma son la forma más letal de plástico marino, ya que conlleva que mamíferos marinos, aves marinas, tortugas marinas y tiburones, acaben enredados o enmallados en ellas, sometiéndolos a una muerte lenta y dolorosa por agotamiento y asfixia.


Foto de WWF


A mar abierto, las redes de pesca fantasma pueden desplazarse a la deriva durante mucho tiempo, enredando a su paso todo tipo de vida marina.


La pesca fantasma menudo está vinculada a la pesca ilegal e incluye el uso de artes de pesca de baja calidad, a menudo compuestos de objetos y materiales plásticos que no se degradan.


Por si fuera poco, cuando estas redes fantasma se hunden, también perjudican los ecosistemas del fondo del mar como los arrecifes de coral, rompiéndolos y exponiéndolos a enfermedades e incluso bloqueando la luz solar que necesitan para vivir.


Una vez llegan a tierra, tampoco cesan sus graves efectos, en tierra contribuyen a la destrucción de hábitats vulnerables y también pueden causar enredos en animales terrestres.



Está registrado que el 60 % de las especies de mamíferos marinos y el 50 % de aves marinas existentes en el mundo están afectadas por las redes fantasma.


Así bien, además de la pérdida de biodiversidad, estas redes fantasma también pueden llegar a afectar directamente a los humanos con el peligro que suponen estas artes de pesca para los barcos y para la seguridad de la navegación, ya que conllevan que las hélices de los barcos queden también enredadas provocando incluso accidentes.



Foto de WWF


No de menos importancia es, que las redes fantasma también contribuyen de manera importante a la crisis de la contaminación por plásticos en los océanos. La mayoría de las redes modernas están hechas de nailon u otros compuestos plásticos que pueden durar siglos. Está registrado que el 60 % de las especies de mamíferos marinos y el 50 % de aves marinas existentes en el mundo están afectadas por las redes fantasma.


Cada año terminan en nuestros océanos cerca de 8 millones de toneladas de basura plástica. De esta cantidad, se calcula que hasta un 10% provienen del sector pesquero.



Nosotros podemos ayudar colaborando con las actividades de voluntariado relacionadas con las limpiezas de playa, o evitando consumir el pescado que ha sido pescado con las formas de pesca con más impacto en el ecosistema (como la pesca de arrastre). ¡Mira siempre el etiquetado cuando consumas pescado!


Tendemos a pensar que todo el plástico que usamos puede reciclarse y por ello que somos unos ciudadanos ejemplares cuando vamos a tirar la basura y clasificamos cada uno de los envases plásticos que hemos usado en casa en el contendor amarillo. Es lo que nos han hecho creer para poder seguir vivideno en el modelo de consumismo desmesurado en el que vivimos actualmente y no nos sintamos mal por ello.


Pero la realidad es otra bien distinta. Reciclar el plástico, es, en primer lugar, una tarea muy costosa, y en segunda lugar, una tarea díficil. Según la Comisión Europea, solo un 30% del plástico se recoge para ser reciclado (que eso no significa que todo pueda llegar a ser reciclado). Es más, únicamente el 9% del plástico que se ha recogido desde 1950 para ser reciclado ha acabado reciclandose.


Por ejemplo, el PET utilizado en las botellas de bebidas es el plástico con mayor tasa de reciclaje y de los más sencillos de reciclar y aun así solo el 7% se recicla.


En cambio, los plásticos pequeños, por su tamaño y caracterísiticas, rara vez pueden llegar a reciclarse por problemas técnicos pero sobretodo económicos (no sale a cuenta...) Así que todos aquellos plásticos menores de 4-7 centímetros que en tu casa haces el esfuerzo de separar para que vayan adecuadamente al contendor amarillo y así puedan reciclarse, no lo harán, con mucha suerte se enviarán al vertedero o a incinerar.


Además, los distintos tipos de plástico no pueden reciclarse juntos por lo que se complica mucho esta tarea al tener que identificar y separar cada uno de ellos.


Cada vez que se recicla el plástico, éste se degrada en calidad. Así bien, cuando se consigue reciclarlo en muy pocas ocasiones se obtiene el mimso producto, por lo que se suelen obtener productos de inferior calidad y que, muchas veces, no van a poder reciclarse de nuevo. Solo el 2% es reciclado de forma efectiva, el resto es convertido en algun otro producto de plástico de peor calidad que no podrá reciclarse nunca más. Y así lo verifican los datos siguientes: En Europa, que después de Asia es el continente donde más plástico se produce, únicamente el 6% de este es provinente de material reciclado.


Fuente imagen: Greenpeace


La producción de plástico se ha disparado en los últimos 50 años. En 1964 se fabricaron 15 millones de toneladas de plástico, pero es que en 2014 se fabricaron nada más y nada menos que 311 millones de toneladas (tan solo en un año). Se estima que en 20 años la cifra será dos veces mayor y en 2050 cuatro veces más...


En los últimos 15 años se ha producido la mitad de todo el plástico que se ha fabricado en la historia y lamentablemente el 91% del mismo no ha sido reciclado. El problema no es el plástico, sino el uso irracional y desproporcionado que estamos haciendo de él. Hemos desarrollado una cultura del usar y tirar poco saludable tanto para la sociedad como para los océanos.


El vaso desechable que usaste hace 20 años durante 1 minuto sigue existiendo ahora mismo, y los que usaste después también.


Así que, aunque se inviertieran grandes cantidades de dinero en más plantas de reciclaje, el ritmo de uso del plástico que tenemos en la actualidad, en este mundo consumista, es totalmente inviable. No hay sistema de reciclaje que pueda gestionar este nivel de consumo sin tener consecuencias medioambientales.


Y a pesar de todos estos datos desoladores, así seguimos todos, dejándonos arrastrar por el consumismo que marca la sociedad sin pararnos a pensar si ello tiene sentido, sin pararnos a pensar que los pequeños actos son los que marcan la diferencia, que todos podemos contribuir a inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro. El simple hecho de ir al supermercado y coger o no una bolsa de plástico puede parecer un hecho insignificante, pero imagínate que conseguiríamos si ese hecho insignificante lo hicieran 160.000 personas cada segundo (que son la cantidad de bolsas de plástico que se utilizan a nivel mundial por segundo).


Así que queremos compartir contigo nuestra reflexión: Si no dejamos de comprarlo, nunca dejarán de fabricarlo.

Fuente imagen: WWF


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Nos han hecho creer que la palabra biodegradable significa algo parecido a que aquello que vemos delante nuestro en un momento u otro desaparecerá. En realidad la palabra biodegradable es un ardid que se ha buscado la industria para llevarnos a engaño, pues visto así, cualquier material es biodegradable. La pregunta es cuánto tarda en biodegradarse.


Si bien, lo que ocurre con el plástico, aunque en los envases se establezca que es biodegradable, es que este se fotodegrada. Es decir, que con la acción del sol y otros elementos naturales como la salinidad del mar lo que ocurre es que se rompe en partículas cada vez más diminutas sin cambiar su composición. Por lo que podemos afirmar que el plástico nunca desaparece, sino que se va fragmentando en trozos cada vez más pequeños, pudiendo llegar a ser imperceptibles al ojo humano


Y lo que es más grave aún, todo el plástico que se ha fabricado en la historia, sigue en alguna parte del planeta, excepto el 9% de esa cantidad, ese si que ha sido "reciclado"...


Además, al "biodegradarse", los plásticos desprenden metano y etileno, dos gases de efecto invernadero que contribuyen al calientamiento global mucho más que el CO2.


Imagenes tomadas el verano pasado en la Costa Dorada, Cataluña.



Lo realmente importante para el medioambiente es determinar el tiempo que tarda en degradarse cada producto y la carga contaminante que dejará en el entorno al hacerlo. Aquí entra en juego el concepto de compostable.


Un envase compostable es aquel que se degrada completamente, como lo hace la materia orgánica, en un corto período de tiempo y sin dejar ninguna carga contaminante en el medio natural.


Así pues, debemos tener muy clara la diferencia entre biodegradable y compostable. En el siguiente cuadro os mostramos las principales diferencias:



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